martes 24 de marzo de 2009

Funambulista

El sol en su ocaso.
Tú y yo al borde del averno, adonde me empujas.
Creo caer pero no me precipito al vacío.
Y tú ahí de pie, mirando a otro lado.

Casi a oscuras, apenas me entreveo
en un fino cable de acero hiriente,
funambulista improvisada, ciega e inexperta,
el infierno bajo mis pies con tanta fuerza.

Diminutos pasos titubeantes
e indecisos, pasitos de muñeca rota,
frágil e inestable, tan insegura,
tan asustada.

Los pies llagados,
los brazos extendidos,
las manos y el vacío,
la soledad de la negrura.

Sin marcha atrás,
sin nada de luz,
sin ti velando mis pasos,
sin poder parar de llorar.

Avanzo en la oscuridad por el cable,
lazo único que me liga al mundo,
tan delgado como el fino cordel
que ata un globo a las manos de un niño.

Al límite de la agonía,
consigo llegar al otro lado de la sima
y allí me atienden, me sostienen y me curan
gentes de sonrisa amable y mirada muy serena.

En mi cuello, con amor una guirnalda de flores,
sonrientes, me muestran el sol que sale de nuevo
y me abrazan fuertemente contra su pecho
para que no mire más atrás y siga hacia adelante,

ya a salvo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...
Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.