He conseguido detener las horas.En el eterno espacio entre segundo y segundo,
inacabado, interminable, abierto,
he descubierto que sólo hay vida en estado puro
y que uno se siente en comunión
con el Todo y con la Nada
y se es más que nunca, más imperfecto
y más feliz, más imperecedero y más sincero,
porque ésa es la magia de ese no-tiempo,
allí donde las cosas importantes brotan preciosas
y crecen con tantas ganas que no mueren nunca,
porque son inmarchitables.
En ese no-tiempo perenne cabe todo.
La risa que más me ha conmovido,
los abrazos -los de despedida y los de esperanza-,
las lluvias de primavera y mil besos apasionados
bajo soportales de una calle cualquiera.
Mis manos en los bolsillos al ritmo de cualquier son,
coraje, ilusiones y fuerza - imparable-,
y hasta caben versos desnudos, inconclusos,
a caballo entre una cosa y otra,
que lanzados al aire desde un soplo de inspiración
llegan hasta mí y abonan mis pequeñas rosas rojas
que coquetas adornan mi balcón frondoso y soleado.
En ese inmenso no-espacio atemporal y romo,
entre segundo y segundo me quito mis alas
y, libre de su peso, se forja mi inconmesurable sonrisa,
se cumplen todos mis sueños y las piedras me llaman,
y mi sombra en negro profundo aparece recortada
sobre un trapecio iluminado por un cañón de luz
sobre un elegante fondo de terciopelo verde,
camafeo aéreo, joya pulida, para que no me olvide
del Amor con mayúsculas, del amor sin hache,
del amor sin dolor, sin renuncias y sin calvarios,
ni del amor más fundamental y más solemne,
el amor a mí misma, que es el más poderoso del mundo.















































